martes, 22 de marzo de 2011

Binomio VIDA-ODIO. Breve introducción.

¿Qué es lo primero que notas cuando estás en la universidad? ¿Tal vez percibes cambios intelectuales o presientes que esto es demasiado para ti? ¿Ves aumentar tu número de conquistas sexuales o ni aun así consigues acabar ni una noche sin estar sediento de cariño? ¿Se han extendido tus redes de amigos o te has percatado que tus habilidades sociales para crear y mantener amistades han sido siempre pésimas y solo tendrás como únicos amigos a "Youtube" y "Seriesyonkis"?
Pues llamarme raro, pero lo primero que noté yo... es que odio demasiadas cosas.
Y es raro. Nunca fui un chaval que me preocupara mucho por la vida. Es más, si existiera una versión antropomórfica de la "preocupación" sería, al menos conmigo, el típico amigo pringado que existe en todos los grupos de amistad. Me habría hecho los deberes siempre que yo se lo lo hubiera pedido y acudiría a clase sin hacer los suyos para que el profesor no sospechara de quien había sido su verdadero autor. Me hubiese invitado a comer todos los días. Me pasaría fotos de su hermana desnuda, tendría que permanecer a mi lado mientras disfruto de ellas con cara de pervertido y le obligaría a observarme mientras imagino a su hermana llena de fango y la cantidad de posturas vejatorias a las que le forzaría a colocarse. Luego le preguntaría que qué le ha parecido y que escribiera una redacción de cuatro folios sobre sus apreciaciones.
Y todo lo haría por conseguir mi aprobación. Yo le mostraría mi agradecimiento y amistad bajándole los pantalones delante de la chica que le gusta, burlándome de sus michelines y escupiendo en su bocadillo del recreo. Usaría sus trabajos de clase como papel higiénico.
Así era yo. La preocupación me necesitaba más a mí que yo a ella. Mi deber era aprovecharme de esa situación.
Pero conforme la vida avanza, también avanza la responsabilidad, y detrás de ella, nuestro ex-amigo, "Preocupación", que sibilinamente se aproxima a la venganza que tanto tiempo había esperado.
El amigo al que apaleabas su perro hasta que te obedeciera y optara por aparearse antes con una gata que con alguna hembra de su misma especie (para crear una super raza, lista como un perro y fiel como un gato), aquel al que encerrabas en el baño de las chicas y cuando salía le tirabas encima un cubo lleno de agua congelada no solo había pegado el estirón... sus brazos habían cambiado por dos motosierras en llamas, le habían salido tres cabezas y cambiado su nombre por Vulcanus.
Claro, esto te pilla en bragas. Te confiaste, debías haberlo controlado psicológicamente hasta convertirlo en una piltrafa emocional que, con simplemente imitar la voz de su padrastro se echara al suelo a llorar. Pero no, le dejaste cancha y todas tus humillaciones las fue trasformando,tan poco a poco que no te diste cuenta en golpes de martillo que fueron endureciendo su mente hasta darle la consistencia del diamante.
Esa es origen del Binomio VIDA-ODIO del que tanto se hablará en este blog. Siguiendo una lógica con la que Yoda se sentiría lo suficientemente orgulloso como para prestarte su sable luz los fines de semana: la responsabilidad conduce a la preocupación, la preocupación lleva nerviosismo, el nerviosismo a la susceptibilidad y esta última, al odio.
Otro día el desenlace de la pelea. Ya nos derrotaran de una puñetera vez, podremos lamernos las heridas tranquilos y empezar a odiar cosas.
Saludos y odien mucho.

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